Una empresa no empieza a deteriorarse el día que empeoran sus cuentas. A menudo, las señales aparecen antes: costes que suben, activos más expuestos, exigencias regulatorias, problemas de gobierno, tensiones laborales o modelos de negocio que necesitan adaptarse con rapidez.
Parte de esas señales ya se leen desde la sostenibilidad.
En este artículo analizamos las principales conclusiones del informe Weed out the laggards: Sustainability as a credit filter, elaborado por Allianz Trade, uno de los accionistas de Solunion, y aportamos una perspectiva propia sobre cómo la sostenibilidad puede ayudar a anticipar señales de deterioro financiero y reforzar el análisis del riesgo comercial.
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Cuando la sostenibilidad entra en el análisis de riesgo
El análisis de riesgo de crédito parte de una pregunta: ¿puede una empresa cumplir sus compromisos de pago? Para responder, se analizan datos financieros, evolución del negocio, endeudamiento, liquidez, rentabilidad, generación de caja, sector, país y comportamiento de pago, entre otros factores.
La sostenibilidad es un complemento que ayuda a afinar esta lectura.
“En el análisis de crédito, la sostenibilidad nos ayuda a entender mejor el riesgo, especialmente cuando permite anticipar tensiones operativas, regulatorias o reputacionales que acaban afectando a la capacidad de pago”, explica Jerome Fernández, Responsable de Información del área corporativa de Riesgos de Solunion.
¿Por qué las prácticas no sostenibles pueden generar estrés financiero?
La conexión entre sostenibilidad y riesgo de crédito se entiende mejor cuando se baja a ejemplos concretos:
- Una empresa expuesta a sanciones ambientales puede encontrarse con costes adicionales.
- Una compañía con activos vulnerables a fenómenos climáticos extremos puede sufrir interrupciones en su producción o en su cadena de suministro.
- Un negocio con malas prácticas laborales puede enfrentarse a huelgas, accidentes, litigios o pérdida de talento.
- Una organización con debilidades de gobierno corporativo puede acabar sufriendo sanciones, fraudes, crisis de confianza o restricciones de acceso a financiación.
Todos esos eventos tienen algo en común: terminan impactando en la caja, en los márgenes, en la deuda o en la reputación. Y, por tanto, en el riesgo de crédito.
La señal ASG pesa más en la parte baja de la distribución
Uno de los hallazgos más interesantes del informe es que la relación entre sostenibilidad y riesgo de crédito no es lineal.
Progresar desde una posición débil hasta un nivel medio en gestión de sostenibilidad sí se asocia con una mejora relevante en los indicadores de crédito. Sin embargo, pasar de una puntuación media a una excelente no genera un beneficio proporcional. Dicho de forma sencilla: el mercado penaliza más a quien está rezagado de lo que premia a quien ya está en la parte alta.
Lo vemos en los datos que aporta el análisis:
- Una mejora de un decil en sostenibilidad, aproximadamente 7,5 puntos en una escala de 0 a 100, se corresponde con una reducción aproximada de 0,25 puntos porcentuales en la probabilidad de impago.
- Pero, en compañías situadas en el peor decil de riesgo, este incremento de 7,5 puntos puede equivaler a una mejora relativa del 12% al 25% en solvencia crediticia.
“El mayor valor de estas señales está en su capacidad preventiva. Cuando una empresa muestra debilidades persistentes en aspectos ambientales, sociales o de gobierno, puede estar acumulando riesgos que todavía no aparecen en toda su dimensión en los ratios financieros”, afirma el Responsable Corporativo de Información de Solunion.
El factor ambiental, el más conectado con el riesgo de impago
El estudio identifica el componente ambiental como el predictor más claro del riesgo de impago. Una mejora de 10 puntos en la puntuación ambiental se asocia con un aumento de 0,9 puntos en el Altman Z-score, una métrica ampliamente utilizada para aproximar el riesgo de quiebra. En empresas que se sitúan en zonas intermedias de riesgo, ese movimiento puede ser relevante.
La explicación se encuentra en que los riesgos ambientales ya tienen efectos financieros medibles: costes energéticos, inversión obligatoria en adaptación, exposición a sanciones, necesidad de transformar procesos, obsolescencia de activos o dificultad para acceder a determinados mercados y fuentes de financiación.
La gobernanza, por su parte, aparece más vinculada a la calidad crediticia general. Una buena estructura de gobierno ayuda a reforzar la disciplina financiera, la transparencia y la calidad de la toma de decisiones.
“Para una compañía que vende a crédito, compra a proveedores internacionales o depende de financiación externa, estas variables importan. No porque sustituyan el análisis financiero, sino porque ayudan a interpretarlo con más precisión”, señala Fernández.
No todos los sectores tienen la misma exposición
Otro punto relevante del informe es la mirada sectorial. La sostenibilidad no impacta igual en todas las actividades.
El estudio identifica relaciones significativas entre sostenibilidad y riesgo crediticio en siete de los once sectores analizados. Los efectos más marcados aparecen en servicios de comunicación y software, bienes de consumo básico y energía. En estos dos últimos casos, la exposición a riesgos de transición, emisiones, prácticas laborales, regulación y activos potencialmente tensionados puede tener un efecto directo sobre costes, ingresos y acceso a financiación.
Esto refuerza la idea de que las puntuaciones agregadas son útiles, pero no suficientes. La sostenibilidad debe leerse con una lente de materialidad sectorial.
“Una empresa energética, una textil, una tecnológica o una compañía agroalimentaria no se enfrentan a los mismos riesgos. Tampoco tienen las mismas palancas de adaptación. La clave está en interpretar la información según el sector, el país y la actividad concreta de la empresa. Porque un mismo indicador puede tener implicaciones distintas dependiendo del modelo de negocio y de la exposición real de la compañía”, explica Jerome Fernández, Responsable de Información del área corporativa de Riesgos de Solunion.
¿Qué implica para las empresas?
Las empresas que quieran beneficiarse de la integración de las variables ASG en su gestión del riesgo comercial, deberán tener en cuenta tres prioridades:
- Identificar qué riesgos ASG son realmente materiales para su actividad.
- Medirlos con datos consistentes y comparables.
- Integrarlos en su planificación financiera, comercial y operativa.
Existen en herramientas como Estratify, la plataforma digital de servicios de Solunion, que ayudan a aterrizar este proceso. Su servicio de Autoevaluación ESG permite realizar un autodiagnóstico guiado del desempeño ambiental, social y de gobernanza, y generar un informe de fortalezas y posibles mejoras para reforzar la competitividad o avanzar en la preparación regulatoria.
Mirar el riesgo con más ángulos
La sostenibilidad no puede analizarse como un elemento externo al negocio. Forma parte del modo en que una empresa produce, se financia, gestiona sus activos, responde a la regulación y se relaciona con clientes, inversores y proveedores.
El análisis financiero sigue siendo el punto de partida, pero ignorar las señales de sostenibilidad puede dejar fuera información relevante sobre la resiliencia futura de una compañía.
Para quienes gestionan riesgo comercial, la oportunidad pasa por ampliar la mirada.
