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El valor del analista de crédito frente a la automatización en la gestión del riesgo

La gestión de riesgos ocupa un lugar protagonista en los debates y estrategias de los consejos de administración y comités de dirección de cualquier empresa. Más allá de cumplir con normativas o auditorías, las compañías se enfrentan a un entorno en el que la volatilidad, la competencia y la incertidumbre exigen anticipación y análisis constante.  Identificar y anticipar posibles debilidades y amenazas —ya sean financieras, operativas o reputacionales— permite a las empresas tomar mejores decisiones y proyectar su futuro de un modo más previsible.

La gestión de riesgos ayuda a comprender cómo estos desafíos pueden transformar el negocio, a detectar oportunidades ocultas y a reaccionar con éxito ante imprevistos.

Dentro de la gestión de riesgos, el control del riesgo de crédito es clave a la hora de proteger el flujo de caja y tomar decisiones comerciales para crecer de modo sostenido.

Índice de contenidos

¿Qué significa gestionar el riesgo de crédito?

Cuando hablamos de riesgo de crédito, nos referimos a la probabilidad de que un cliente no pague a tiempo sus facturas. Se trata de un riesgo inherente a cualquier actividad empresarial que implique vender a crédito y, si se materializa, puede afectar directamente a la liquidez y la rentabilidad de la empresa, e incluso poner en jaque su supervivencia. Por eso, analizar la solvencia de los clientes y anticipar posibles impagos mediante una correcta gestión del riesgo comercial es fundamental.

               👉Conoce más sobre la gestión del riesgo comercial en nuestra guía.

Aquí entran en juego tanto los datos duros (como balances, ratios financieros o historial de pagos) como las señales más sutiles: cambios en la dirección del cliente, negociaciones en marcha o incluso comentarios del sector. Y aquí, el analista de crédito es la clave.

¿Puede la tecnología sustituir al analista de crédito en la gestión del riesgo comercial?

Aunque la tecnología y el análisis masivo de datos están transformando a gran velocidad el sector, la figura del analista de crédito sigue siendo —y seguirá siendo— insustituible. El big data y los modelos predictivos basados en IA, como el machine learning, aportan agilidad, eficiencia y una precisión creciente en la estimación de la insolvencia a doce meses, especialmente en casos de menor relevancia.

Sin embargo, no pueden reemplazar el juicio experto, la lectura del contexto ni la relación directa con el deudor en operaciones significativas. Incluso en escenarios de bajo impacto, la supervisión humana sigue siendo necesaria: los modelos no son infalibles y pueden pasar por alto variables determinantes.

En definitiva, la tecnología permite automatizar tareas, perfeccionar modelos que clarifican el horizonte de riesgo y acelerar decisiones al asumir lo repetitivo, lo estándar y lo masivo. Pero no sustituye la interpretación cualitativa ni la responsabilidad profesional del analista, clave para ofrecer un servicio sólido a las empresas en un entorno dinámico, marcado por información incompleta, conductas humanas cambiantes y un alto grado de incertidumbre.

La tecnología no reemplaza al analista; lo libera para aportar más valor, y potenciar lo estratégico.

¿Cómo se combinan tecnología y criterio humano en la gestión del riesgo de crédito?

Un buen ejemplo es el Grade, el sistema de calificación que utiliza Solunion. Este índice no solo recoge datos financieros y estadísticos, sino que también integra información cualitativa que el analista obtiene en entrevistas, visitas y a través de referencias externas. Así, la calificación final refleja tanto la objetividad de los números como la visión humana y actualizada del analista.

El Grade se construye a partir de varios bloques: quiénes son los dueños y gestores de la empresa, cómo evolucionan los ingresos y la rentabilidad, cuál es la estructura de deuda y liquidez y cómo se comporta el flujo de caja. Pero, además, se enriquece con información de bancos, agencias externas y, sobre todo, el contacto directo con el cliente. El analista de crédito es quien conecta todos estos puntos y ajusta la calificación cuando es necesario.

La relación directa con las empresas es particularmente relevante ya que, aunque los algoritmos procesan grandes volúmenes de datos históricos y financieros, hay aspectos cualitativos —planes estratégicos, negociaciones en curso, estados financieros actualizados, cambios en la estructura accionarial, calidad del management, etcétera – que solo se conocen en conversaciones cara a cara.

Estas interacciones permiten tomar el pulso en ese momento y no a fecha del último cierre disponible, y anticipar riesgos y oportunidades con una visión más completa y humana. Estos inputs complementan la precisión de la tecnología con el contexto real del negocio para así tomar la mejor decisión en el mejor momento.

Incluso se dan casos concretos en los que, la relación de confianza que se genera entre el analista y la empresa a raíz de las visitas es tal, que este llega a actuar como un asesor que aconseja sobre las medidas necesarias y los grandes ejes que seguir para eventualmente mejorar su calificación de riesgo de crédito.

¿Qué habilidades hacen único al analista de crédito?

El valor del analista de crédito va mucho más allá de los conocimientos técnicos. Por supuesto, debe saber interpretar balances y entender los números, pero también necesita habilidades personales para captar información relevante y construir relaciones de confianza:

  • Capacidad de análisis y síntesis para ver el bosque y no solo los árboles.
  • Pensamiento crítico para cuestionar la información y no dar nada por sentado.
  • Conocimiento sectorial para entender el contexto de cada cliente.
  • Escucha activa y empatía para captar información relevante en las entrevistas.
  • Comunicación asertiva para preguntar lo necesario y gestionar situaciones delicadas.

Estas competencias permiten al analista anticipar escenarios, construir relaciones de confianza y aportar valor real a la empresa.

¿Cómo está evolucionando el papel del analista?

La tecnología está cambiando el día a día del analista de crédito. Las tareas más repetitivas y la recopilación de datos se automatizan, lo que libera tiempo para el análisis profundo, las visitas a empresas y la especialización en sectores concretos. El analista se convierte así en un asesor estratégico, capaz de explicar decisiones complejas y aportar recomendaciones de alto valor tanto para la empresa como para sus clientes.

La tecnología seguirá avanzando, pero el criterio humano seguirá siendo imprescindible para tomar las mejores decisiones en un entorno cada vez más cambiante. El valor del analista de crédito está en su capacidad para complementar la tecnología con criterio, contexto y relaciones humanas.

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