La economía mundial entra en 2026 en una fase de mayor complejidad estructural. El crecimiento se mantiene, pero pierde tracción; la inflación muestra una persistencia superior a la prevista hace apenas unos meses y las políticas monetarias y fiscales operan con márgenes cada vez más estrechos. A este telón de fondo se suma un repunte del riesgo geopolítico que actúa como catalizador de tensiones ya presentes en los mercados de energía, comercio, financiación y en la confianza empresarial.
En este artículo analizamos el contexto macroeconómico y financiero que marcará el entorno en el que las empresas tendrán que operar en 2026, a partir de las últimas previsiones de nuestros accionistas, Mapfre y Allianz Trade.
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Geopolítica y energía: factores centrales del entorno económico 2026
El conflicto en Oriente Medio se ha convertido en el principal factor de desestabilización del escenario macroeconómico. Su impacto se transmite fundamentalmente a través de los canales energético y logístico, con efectos directos sobre los costes de producción, el transporte y las expectativas de inflación. El estrecho de Ormuz, por el que transita cerca del 25% de los flujos globales de hidrocarburos, sigue siendo un punto crítico para el comercio mundial y para la estabilidad de los precios energéticos.
En el escenario central de Allianz Trade, las previsiones apuntan a precios del petróleo en el rango de 80–100 dólares por barril durante buena parte de 2026, con una normalización gradual condicionada a la evolución del conflicto y a la reapertura progresiva de las rutas comerciales. Este entorno dificulta la relajación de la política monetaria y prolonga la presión sobre los márgenes empresariales. En escenarios más adversos, una escalada prolongada podría derivar en un episodio de estanflación más severo, especialmente en Europa y Asia, con efectos de arrastre sobre la inversión y el consumo.
Para las empresas, el resultado es un aumento de la volatilidad operativa y financiera, con especial incidencia en sectores intensivos en energía: transporte, industria, construcción y determinadas ramas de servicios.
Panorama regional: foco en España y Latinoamérica
España: mayor resiliencia relativa, con focos de vulnerabilidad
Dentro del entorno económico 2026, España se posiciona entre las economías europeas con un desempeño relativo más sólido. Según las previsiones de Allianz Trade, el PIB español crecería en torno al 2,2% en 2026. El país afronta el actual impacto geopolítico y energético desde una posición comparativamente más favorable, apoyada en una menor dependencia del gas importado, un mayor peso de las energías renovables y una transmisión más limitada del encarecimiento energético hacia empresas y hogares.
En el ámbito financiero, las empresas españolas operan en un contexto de financiación más cara y selectiva, lo que refuerza la importancia de la gestión de liquidez, del control del capital circulante y de la evaluación del riesgo de contrapartes. Aunque el tejido empresarial español parte de una posición más equilibrada que otros países europeos, la persistencia de tipos elevados prolonga la presión sobre aquellas compañías con estructuras de deuda más ajustadas o menor capacidad de absorción de shocks.
Latinoamérica: heterogeneidad y capacidad de absorción desigual
Latinoamérica presenta un perfil menos homogéneo que Europa y Asia. En términos agregados, la región muestra una mayor capacidad de absorción del impacto energético, apoyada en el peso de economías exportadoras de materias primas, aunque con diferencias significativas entre países en función de su estructura productiva, situación fiscal y exposición financiera externa.
El escenario base dibujado por Mapfre, por ejemplo, apunta a un crecimiento moderado en la región en 2026, acompañado de una inflación algo más elevada, con políticas monetarias que se mantienen restrictivas durante más tiempo para preservar la estabilidad macrofinanciera.
México afronta el entorno económico 2026 desde una posición de equilibrio más frágil que otros grandes países de la región. Aunque se beneficia de su integración industrial y comercial con Estados Unidos, esta misma dependencia incrementa su sensibilidad a una desaceleración del ciclo estadounidense y a la evolución de las condiciones financieras globales.
El impacto energético se traslada principalmente a través de costes, así como de la presión sobre márgenes en sectores manufactureros y de exportación. La política monetaria se mantiene restrictiva, lo que refuerza la necesidad de una gestión cuidadosa de liquidez y capital circulante por parte de las empresas.
Por su parte, Argentina presenta el perfil más complejo dentro del entorno regional. El entorno económico 2026 está marcado una inflación muy elevada, un entorno de fuerte incertidumbre macroeconómica y un proceso de reordenación de precios relativos y del marco fiscal y monetario.
En este contexto, la actividad empresarial opera bajo condiciones de elevada incertidumbre, con un impacto directo sobre la planificación financiera, la inversión y la gestión de riesgos, especialmente en sectores orientados al mercado interno.
Insolvencias: un indicador adelantado de la fragilidad empresarial
Según el último informe al respecto publicado por Allianz Trade, el aumento de las insolvencias empresariales se consolida como uno de los rasgos estructurales del actual ciclo económico. A escala global, 2026 será el quinto año consecutivo de crecimiento de los procesos de insolvencia, con un incremento estimado cercano al 6% y una estabilización que se retrasa hasta, al menos, 2027.
Europa Occidental concentra una parte relevante de este repunte. En muchos países, los niveles de insolvencia superan claramente los registros previos a la pandemia y, en algunos casos, los observados durante la crisis financiera mundial. Alemania, Francia, Italia y Reino Unido mantienen cifras elevadas, reflejo de un entorno de crecimiento débil, tipos de interés altos y márgenes empresariales presionados.
España destaca nuevamente como una excepción relativa, según el Informe de Insolvencias de Personas Jurídicas de Solunion España sobre el primer trimestre de 2026. Los tres primeros meses del año dejan un escenario de descenso generalizado de las insolvencias empresariales (-24%) en el país, marcado por el efecto base de un inicio de 2025 excepcionalmente alto. Con un ritmo de 5.600 concursos al año, las insolvencias empresariales siguen situándose un +39% por encima de los datos pre COVID-19.
Latinoamérica presenta un comportamiento diferenciado en materia de insolvencias empresariales. En términos agregados, la región contribuye al repunte global, aunque con una dispersión elevada por países. El riesgo se concentra en determinados mercados y sectores, con Brasil como principal foco. Para 2026, Allianz Trade prevé un nuevo aumento de las insolvencias de alrededor de +7% en el país, lo que situaría el total en aproximadamente 4.240 casos, el nivel más elevado de las últimas dos décadas, antes de una posible corrección a la baja en 2027 (‑7%).
Implicaciones para directivos y CFOs: anticipación y gestión activa del riesgo
Para los equipos directivos y financieros, el escenario de 2026 exige un enfoque más proactivo en la gestión del riesgo de comercial. La combinación de crecimiento moderado, inflación persistente y financiación más cara incrementa la probabilidad de impagos, tanto propios como dentro de las cadenas de clientes y proveedores.
La monitorización continua de contrapartes, la anticipación de tensiones de liquidez y la protección frente al riesgo de crédito se convierten en elementos centrales de la toma de decisiones.
