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COVID-19: nuevos desafíos para la tasa de natalidad

Índice

La tasa de natalidad se ha visto impactada por la pandemia de COVID-19. En los países de altos ingresos, el número de nacidos disminuyó hasta alcanzar mínimos históricos en 2020, ya que se pospusieron los embarazos. Dado que la maternidad se retrasa cada vez a edades más avanzadas, la pandemia podría tener efectos duraderos en el cambio demográfico, contribuir aún más al envejecimiento de las sociedades y tener importantes consecuencias en la economía mundial.

Analizamos el fenómeno de la tasa de natalidad COVID, con los datos del último informe Euler Hermes, uno de nuestros accionistas.

La tasa de natalidad tras la COVID-19 por regiones

En la Unión Europea, el número de recién nacidos se redujo en torno a un -3%, hasta los 4,1 millones en 2020. La mayoría de los 27 países miembros, a excepción de Finlandia, Luxemburgo y Malta, notificaron un descenso en la tasa de natalidad. Los países bálticos, Polonia, Rumanía, Irlanda y España registraron los descensos más acusados, que oscilan entre el -5,6% de Irlanda y España, y el -10,6% de Rumanía. Y en Francia, el número de nacidos cayó por debajo de los 700.000 por primera vez desde 1945.

Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos solo registró 3,6 millones de recién nacidos en 2020, la cifra más baja desde 1979. Japón, Corea del Sur y Taiwán también experimentaron un nuevo descenso en el número de recién nacidos (véase el gráfico 1).

Tasa de natalidad COVID: récords mínimos de nacimientos en 2020, en miles

Gráfico tasa de natalidad covid: records mínimos de nacimientos en 2020 - en miles

Fuentes: Centers for Disease Control and Prevention, Eurostat, national statistical offices, Allianz Research.

Esta evolución se corresponde con la observación de que, en tiempos de crisis económica, aumento de las tasas de desempleo e incertidumbre, se posponen los planes de maternidad. Los programas de apoyo del gobierno para amortiguar una parte del impacto financiero de la pandemia de COVID-19 solo podían aliviar el aspecto económico. Pero los cierres que paralizaron la vida social e hicieron que muchas parejas pospusieran sus bodas previstas, el acceso restringido a los servicios médicos, incluidas las tecnologías de reproducción asistida, para aliviar la carga de los sistemas sanitarios, y el mayor riesgo de que las mujeres embarazadas necesitaran cuidados intensivos o ventilación invasiva en caso de infección por COVID-19 dejaron a muchos con una sensación de incertidumbre que les impidió formar una familia o tener otro hijo.

Sin embargo, aunque la pandemia de Covid-19 amplificó las tendencias demográficas existentes en los países de ingresos altos y provocó un mayor descenso en el número de recién nacidos, el Fondo de Población de las Naciones Unidas estima que hasta 1,4 millones de embarazos no planificados se han producido en países de ingresos bajos y medios, donde las mujeres han tenido un acceso limitado a los servicios de planificación familiar como consecuencia de la crisis de COVID-19. 

Nacimientos COVID-19: ¿Boom o fracaso?

Para los que esperaban un boom tras la crisis para compensar los descensos de 2020, la cuestión es si los planes de tener hijos se han pospuesto o se abandonarán. En este sentido, el desarrollo económico y, sobre todo, el descenso del desempleo entre los grupos de edad más jóvenes desempeña un papel importante. Sin embargo, la actual recuperación económica no se reflejará en las tasas de natalidad hasta dentro de nueve meses como mínimo.

Los últimos datos disponibles ofrecen un panorama desigual de la evolución del número de nacimientos en los primeros meses de 2021. Alemania, por ejemplo, registró el mayor número de nacidos en el mes de marzo desde 1998 y un número global de nacimientos ligeramente superior en los tres primeros meses de 2021 en comparación con el mismo periodo del año anterior. En cambio, en Portugal, el número de recién nacidos ha seguido disminuyendo.

En la mayoría de los demás países europeos, las cifras de nacimientos muestran algunos signos prometedores de estabilización, con un número de recién nacidos en el último mes de referencia superior al observado en el mismo mes del año anterior. Sin embargo, las cifras acumuladas de los tres o cuatro primeros meses siguen estando por debajo de los niveles de 2020. Solo Austria, Croacia, Chequia, Dinamarca, Finlandia, los Países Bajos y Suiza registraron cifras trimestrales o cuatrimestrales superiores a las de 2020.

En Corea del Sur, Singapur y Taiwán, las cifras trimestrales y de los cinco primeros meses siguen siendo también inferiores a las del año anterior. Pero los últimos datos disponibles también apuntan a una recuperación en Singapur y Taiwán, donde el número de nacimientos fue mayor en marzo y mayo, respectivamente, que en los mismos meses de 2020.

No obstante, aún es demasiado pronto para ofrecer una perspectiva para el año en curso, sobre todo teniendo en cuenta el contexto de la segunda ola de COVID-19, que volvió a traer incertidumbre económica y cierres en la segunda mitad de 2020.

El descenso en la natalidad ha llegado para quedarse

El número de nacimientos también depende del número de madres potenciales. En Europa y Asia Oriental, el número de mujeres en edad fértil ya ha empezado a descender, consecuencia de la reducción de las tasas de natalidad desde los años 70. En América Latina, el pico se espera para 2030, y en Brasil, la mayor economía de la región, ya se espera que las cifras disminuyan a partir de 2025. En América del Norte, el número de mujeres de entre 15 y 49 seguiría aumentando, aunque con tasas de crecimiento más bajas que en el pasado.

Otro factor decisivo es la edad media de la madre en el primer parto. En 2019, la media era de 29,4 años en la UE, y oscilaba entre los 26,3 años de Bulgaria y los 31,3 de Italia. En Estados Unidos, había aumentado a 27,0 años (véase el gráfico 3).

Edad media de las mujeres en el primer parto 2019, en años

Gráfico de natalidad covid: edad media de las mujeres en su primer parto

Fuente: Eurostat, Centers for Disease Control and Prevention, Allianz Research.

Sin embargo, cuanto mayor es la edad de las madres al nacer su primer hijo, mayor es el riesgo de que el deseo de tener otro hijo quede sin cumplir o se renuncie a él, ya que los riesgos para la salud tanto de la madre como del niño aumentan con la edad. En este contexto, la decisión de posponer el embarazo o tener menos hijos como consecuencia de la pandemia podría tener efectos duraderos en el cambio demográfico, contribuyendo aún más al envejecimiento de las sociedades.

Informe original: Boom or bust? The Covid-19 crisis emphasizes wider fertility challenges

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