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El aumento del CAPEX en inteligencia artificial coloca la liquidez en el centro de la estrategia empresarial

La inteligencia artificial está cambiando los productos, los procesos y la estructura financiera de las grandes compañías tecnológicas. La construcción de centros de datos, la compra de procesadores y el despliegue de redes capaces de soportar modelos avanzados requieren desembolsos que ya se reflejan en el flujo de caja de Alphabet, Amazon, Microsoft y Meta.

Según las previsiones recogidas por CNBC, las cuatro compañías podrían destinar cerca de 700.000 millones de dólares a inversiones de capital durante 2026. El mismo medio señala que esta cifra supondría un crecimiento superior al 60% frente a los niveles alcanzados en 2025.

El dato nos invita a reflexionar: una compañía puede crecer, mejorar sus ingresos y mantener un negocio rentable y, al tiempo, ver como su disponibilidad de caja se reduce. En este contexto, en el que la inversión se acelera, proteger los cobros esperados adquiere una dimensión completamente estratégica.

El CAPEX en inteligencia artificial transforma el negocio digital

Durante años, las grandes plataformas digitales destacaron por su capacidad para generar caja sin necesidad de realizar inversiones en activos comparables a las de sectores como la industria, la energía o las telecomunicaciones. La inteligencia artificial está modificando ese modelo.

Los nuevos servicios digitales necesitan una infraestructura física conformada por servidores, chips, sistemas de almacenamiento, redes, energía y centros de datos. No todo el CAPEX comunicado por las compañías corresponde exclusivamente a IA, pero sus presentaciones financieras vinculan una parte significativa del crecimiento inversor con la ampliación de su capacidad de computación.

Según Alphabet, sus ingresos alcanzaron los 119.800 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, un 24% más que en el mismo periodo del año anterior. De acuerdo con la compañía, los ingresos de Google Cloud aumentaron un 82% y la cartera de contratos de esta división llegó a 514.000 millones de dólares.

La fortaleza de la actividad convivió con una notable salida de recursos. Según los resultados financieros de Alphabet, su CAPEX ascendió a 44.900 millones de dólares durante el trimestre, aproximadamente el doble que un año antes. La compañía generó 39.100 millones de dólares de flujo de caja operativo, por lo que su flujo de caja libre trimestral se situó en aproximadamente 5.900 millones de dólares negativos.

Estas cifras, sin hablar de insolvencia ni de una crisis financiera en Alphabet, sí muestran que el ritmo de inversión llegó a superar, durante ese trimestre, la caja producida por las operaciones. Es una diferencia relevante: el negocio continuó creciendo, pero necesitó movilizar más recursos para financiar su expansión tecnológica.

Del CAPEX tecnológico al capital circulante

La mayoría de las empresas españolas y latinoamericanas no invierte miles de millones en centros de datos, pero afronta una ecuación similar cuando adquiere maquinaria, automatiza procesos, abre mercados o amplía su capacidad productiva.

El desembolso se produce antes de que la inversión genere un retorno. Mientras tanto, la empresa debe pagar salarios, proveedores, impuestos y costes financieros. Si vende a crédito, parte de los ingresos con los que espera atender esos compromisos permanece en las cuentas por cobrar.

Por eso, el análisis de una inversión no debería limitarse a su rentabilidad esperada. También debe considerar:

  • Cuándo saldrá el dinero.
  • Cuánto tardará el proyecto en generar ingresos.
  • En qué plazo se cobrarán las ventas.
  • Qué impacto tendría el retraso o el impago de un cliente relevante.

Una cuenta de resultados positiva no garantiza por sí misma una posición cómoda de tesorería. La combinación de inversiones elevadas, plazos de cobro prolongados y concentración de ventas en pocos compradores puede reducir rápidamente el margen financiero disponible.

El riesgo comercial afecta a la liquidez

Cada factura pendiente forma parte de la caja que la empresa espera recibir. Cuando un cliente se retrasa, la previsión de tesorería se desplaza. Si finalmente entra en insolvencia y no puede efectuar el pago, la compañía acreedora puede encontrarse obligada a buscar financiación, aplazar inversiones o renegociar sus propios pagos.

El seguro de crédito permite incorporar una capa adicional de protección sobre las ventas a crédito. Esta herramienta proporciona información y evaluación de los compradores, apoya las acciones de recobro y contempla la indemnización frente a los impagos cubiertos por la póliza.

Para la dirección financiera, esa protección permite limitar el impacto que una insolvencia puede provocar en los cobros previstos. Para la dirección general o la dirección comercial, facilita la toma de decisiones comerciales con mayor conocimiento sobre los clientes y los mercados en los que opera.

La carrera inversora de las grandes tecnológicas deja una enseñanza aplicable a cualquier empresa: crecer consume caja antes de generar resultados. Cuanto más exigente sea el plan de inversión, más importante será conocer cuándo llegará cada cobro y qué ocurrirá si alguno no llega.

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